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La resignación gana en Madrid

Publicado (en una versión reducida) en El Mundo el lunes 6 de junio de 2011

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Natxo Marcet Señor | Madrid

“Perú no cambia”, sentenció ayer con voz triste un peruano residente en Madrid: “Ésa es nuestra historia”, afirma resignado después de depositar su voto en la urna correspondiente. Ha sido uno de los primeros en votar y, ahora, se vuelve a casa en metro. En su camino se cruzará con un mar de compatriotas, de patria y exilio, que irán en dirección contraria a la suya. Él ya ha cumplido. Ahora le toca el turno a los demás.

“¡No venda su voto por una Inca Cola!”.Con estas palabras recibía un elector a los que llegaban en transporte público. Eso sí, esta vez, a diferencia de la primera vuelta, no habían carteles electorales desperdigados por las paredes de los accesos al recinto ferial Ifema, centro electoral para los 67.836 peruanos de la ‘circunscripción’ de Madrid. Sin embargo, el ambiente era más tenso. Los carteles fueron sustituidos por pintadas: “Peruano, no tires tu voto a la basura”, “Fujimori nunca más” o un simple y directo “No a Keiko”.

Para tratar de contrarrestar tal ofensiva contra la chinita, algunos de sus presuntos partidarios repartían refrescos en la boca de metro más cercana al lugar de votación. De ahí los gritos del indignado por la Inca Cola que, en realidad, era Andin’s Cristal.

Puede que esté prohibida la propaganda electoral el día de los comicios, sobre todo en el recinto donde se vota, pero estas son unas elecciones muy reñidas y el voto de los emigrados puede ser clave.  En total, unas 750.000 personas abandonaron Perú. Nada más y nada menos que el 4% del electorado.

España tiene una importancia particular, ya que es el país no americano con mayor cantidad de inmigrantes procedentes del Estado andino, con 123.931 peruanos. Ayer todos estaban convocados a los comicios.

A pesar de la extremada rivalidad entre Fujimori y Ollanta Humala, los  electores que acudieron a Ifema lo hicieron en un ambiente cordial, tranquilo y debidamente supervisado por un dispositivo policial. Aunque, desde luego, las conversaciones trataban exclusivamente de política.

“Papá, tienes que pensar un poquito” reprimió un niño, de apenas unos ocho años, a su padre, que mantenía que había que votar a Humala frente a la opinión de su madre, que estaba ilusionada por la posibilidad de ver a una mujer como presidenta.

Lo que, tal vez, el niño no supiera es que hay alternativas a los dos contendientes. Asunto que trataban con seriedad algunos corrillos que esperaban su turno. La cuestión que debatían, sobre la que no parecían llegar a un consenso, era determinar qué es mejor, si el voto en blanco o el voto “viciado”.

Las tertulias se iban extendiendo mientras los organizadores y los responsables de las mesas se esforzaban por tenerlo todo preparado lo antes posible, que resultó ser 20 minutos después de las 08:00, hora en la que estaba previsto el arranque. A medida que los hombres de peto azul claro, los coordinadores, volaban por entre las mesas, algunos de los responsables de éstas comentaban con desagrado que “en las de España, a los mesas, les pagan”.

Esta segunda vuelta – en el mismo lugar, con el mismo horario y parecidas demoras – tuvo un matiz que la distinguió de la primera: la desazón consecuencia de la mínima esperanza de cambio. “El fujimorismo ya lo vivimos y Ollanta, bueno, no creo que vaya a ser diferente”, comentó una peruana con una mueca amarga en los labios. Esta vez, casi nadie tiene esperanza de cambio. “¿Por qué crees que me fui de Perú? Allí no tenía trabajo, no ganaba dinero. Por eso vine a España”, añadió la peruana. Eso sí, frente a su tristeza estaba su amiga que quiso añadirle un poco de humor negro a la situación: “Tal vez tengamos que irnos de España también”.

‘No venda su voto por una Inca Cola’

PUBLICADO EN ELMUNDO.es el 5 de junio de 2011

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Natxo Marcet Señor | Madrid

Llega el domingo y, con él, la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Una vez más, los 123.931 peruanos residentes en España acuden a las urnas para apoyar a su candidato: Ollanta Humala o Keiko Fujimori. Aunque unos pocos electores no parecen muy dispuestos a plegarse ante ninguna de las dos alternativas y discuten en corrillos sobre qué es mejor: si el voto en blanco o “el voto viciado”.

Los 67.836 peruanos convocados que viven en Madrid, la “circunscripción” mayoritaria en España, han tenido que ir al pabellón número 4 del recinto ferial Ifema para ejercer su voto. Por los pasillos del metro más cercano sólo se ha podido escuchar un español con ese suave acento característico del país americano. Ricos, pobres, hombres, mujeres, jóvenes y ancianos con sólo dos cosas en común: son peruanos y van a votar.

El ambiente electoral ha sido patente. Un hombre discute con su esposa: “Hay que votar a Ollanta”. “¡No! Una mujer para la presidencia”, le responde la mujer. Afortunadamente, su hijo les acompaña y zanja la conversación: “Papá, tienes que pensar un poquito”.

Si algún despistado no acaba de saber lo que por allí está ocurriendo, la boca del metro disipa cualquier duda. Las escaleras de acceso están aderezadas con pintadas que rezan: “Fujimori nunca más”, “No a Keiko” o “Peruano, no tires tu voto a la basura”. Sobre estos mensajes, un hombre encaramado a una barandilla grita “¡No venda su voto por una Inca Cola!” mientras, a su lado, unos voluntarios reparten refrescos a los electores.

Alrededor del centro electoral madrileño, todo está más tranquilo. Tal vez porque está prohibido hacer propaganda electoral allí o puede que fuera por el dispositivo policial. La cuestión es que los peruanos han guardado una fila ordenada, a las 8.00 en punto, esperando a que abran las urnas.

Dentro del pabellón, los encargados de la logística y los responsables de las mesas electorales han trabajado apresurados para tratar de ser puntuales. Pero, hasta las 8.20 ningún censado ha podido ejercer el voto. Un retraso que no parece tan grave si se tiene en cuenta que, hace dos meses, no empezaron hasta las 8.45.

Los ciudadanos esperan pacientemente a que sus mesas estén listas. Unos conversan, otros leen el último libro de Mario Vargas LLosa y, alguno, descansa de la resaca del día anterior sentado en una esquina.

Entre ellos discuten sobre si, para ellos, es obligatorio votar. La legislación vuelve a ser un misterio, 60 días después. Unos mantienen que para los emigrados no es una obligación. Otros mantienen todo lo contrario, pero reconocen que tampoco pueden tomar ninguna represalia contra ellos. Al menos mientras estén en fuera de su país. Tienen miedo de que, si vuelven, tengan algún problema.

‘Perú no cambia’

“No creo que vaya a cambiar nada. Ésa es nuestra historia, Perú no cambia”, afirma un elector a la salida del pabellón. Esta vez, a diferencia que en la primera vuelta, la esperanza de cambio es mínima.

“El fujimorismo ya lo vivimos y Ollanta, bueno, no creo que vaya a ser diferente”, afirma una peruana con gesto triste. “¿Por qué crees que me fui de Perú? Allí no tenía trabajo, no ganaba dinero por eso vine a España”, añade. “Tal vez tengamos que irnos de España también”, comenta una amiga suya que está convencida de que hay paralelismos “peligrosos” entre ambos países.

A pesar de todo, ninguno apuesta por una revolución tajante. “Mejor poder venir y votar que vivir en la dictadura. Ya vendrá un candidato bueno”, declara una peruana con resignación. “Mientras hay democracia hay esperanza” sentencia.

Los peruanos ‘españoles’ votan en Madrid pese a los problemas de organización

PUBLICADA EN ELMUNDO.es el 10 de abril de 2011

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Natxo Marcet Señor | Madrid

Escogen al presidente, el congreso y los representantes del parlamento andino

Durante la mañana de este domingo, a partir de las 8.00 de la mañana, el recinto ferial Ifema de Madrid ha sido Perú. Todos los emigrantes del país andino que viven en la capital española se han concentrado con un mismo fin: los comicios.

En total, eran 123.931 los peruanos que podían votar en las más de 600 mesas electorales habilitadas en 16 ciudades españolas, según datos facilitados por la Embajada de Perú en España. La mayoría ha votado en Madrid (donde estaban convocados 67.836), en el recinto ferial IFEMA, y Barcelona (convocados 33.787), en el Palau Sant Jordi.

La alta participación ha marcado la jornada: rozando el 64 % en Barcelona y cerca de esa cifra en Madrid, donde algunos electores han denunciado que no pudieron ejercer su derecho al voto. En concreto y según las fuentes, la cifra de personas que se han quedado sin ejercer su derecho varían desde los 5.000, según ‘El Comercio’ a los 10.000 que en palabras del Cónsul de Perú en Madrid, citado por Efe, “son una exageración”.

El problema venía dado porque algunas mesas electorales no estaban operativa o porque el nombre de los votantes no figuraba en los listados. “No puedo votar porque no existe mi mesa. Está la mesa ahí, pero no están los representantes, ni los papeles ni nada“, ha dicho a Efe Mely Bellón, que ha calificado lo ocurrido de “fraude” y ha indicado que había más mesas electorales afectadas por el mismo problema.

El mismo cónsul ha estimado que, a falta de datos definitivos, el número de mesas afectadas, en las que como máximo acudían 200 personas, “no pasa de diez de las 348 previstas” en Madrid, es decir, un máximo de 2.000 afectados. Ha atribuido a “un problema logístico en la organización” el otro problema denunciado por electores que no han podido votar porque al acudir a la mesa que le correspondía se han encontrado con que su nombre no figuraba en los listados.

Comicios reñidos

Según las encuestas, los resultados serán muy ajustados. La última previsión da como ganador al candidato Ollanta Humala con un 31,9% de los votos. Su principal rival, Keiko Fujimori, obtendría el favor de hasta un 22,3% de los electores. Si ninguno supera el 50%, se convocará una segunda vuelta entre los dos más votados.

Esta circunstancia hace del voto emigrante un factor clave para hacerse con el triunfo. España es uno de los principales receptores de inmigración peruana. Los candidatos lo saben y no han olvidado a estos conciudadanos.

“¡Vote, vote, vote por la democracia. No al comunismo!” Así han recibido unos hombres cargados con propaganda electoral a los votantes que salían de la boca de metro más cercana. Unos voluntarios, uniformados de verde, los rescataban para darles indicaciones de a dónde deben dirigirse para cumplir con su obligación.

Y es que, en Perú, votar es obligatorio. “No se entiende, estamos ya muy avanzados como para que nos obliguen a nada“, afirma un elector que acababa de votar. Un grupo de jóvenes peruanas se cruzó con él y se mostró totalmente de acuerdo: “No tiene sentido, ¿hace cuánto que nos fuimos de Perú? ¿Diez años? Yo nunca he votado allí, vivo en Madrid. No entiendo que me obliguen”.

Sin embargo, el jefe de una de las mesas, quiso aportar un matiz a la polémica: “Es cierto que es obligatorio, pero ya no te ponen multa, como hacían antes”. A su lado, su compañera de puesto le aclaró que “es obligatorio sólo en Perú, los que vivimos fuera no tenemos multa”. Ante la falta de entendimiento, el jefe de mesa se mostró resolutivo: “Bueno, lo que sí es que hay mucha confusión. Pero de lo que no tengo duda es que, a los mesas, sí nos ponen multa. Aunque vivamos en España”.

Hasta las 8.45, cuando han comenzado a ejercer el voto, la labor de los mesas ha consistido en calmar a algunos compatriotas, los más madrugadores, que estaban enfadados por el retraso. Otros esperaban comprensivos, al fin y al cabo, en el pabellón 7 de Ifema tenían que instalar 347 mesas electorales para poder recoger la voluntad de 67.836 peruanos que habitan en la capital de España.

Esperanzas de cambio

Muchos de los electores reconocen que les resulta complicado escoger el sentido de su voto. “Es difícil. Aunque una intenta seguir la actualidad de Perú, no es lo mismo que vivirlo en casa” comentó una de las primeras votantes en ejercer su derecho que, sin embargo, mantiene la esperanza de que haya una transformación en su país: “Necesitamos un gran cambio. Desde España se ve muy claro. No por ser Europa, sino porque la España de ahora me recuerda al Perú de hace unos años, camina hacia detrás. Se dirige al comunismo“.

Pero no todos conservan la esperanza. “¿Cambio? Llevo desde los 47 años en España, he visto el mundo y he visto mi país. A mí que nadie me venga a decir que ahora sí habrá un cambio. Siempre es lo mismo“, afirma un peruano con voz amarga.

En una cosa parecen estar todos de acuerdo, estas elecciones se definen con la palabra incertidumbre. Para los electores que han emigrado, es casi imposible saber qué prometen exactamente los candidatos. “Aunque tengo la sensación de que allí tampoco de enteran demasiado” afirmó una peruana mientras dibujaba una triste sonrisa con sus labios.