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Nigeria, el polvorín de África

PUBLICADO EN ELMUNDO.ES el lunes, 16 de enero de 2012.

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Natxo Marcet Señor | Nairobi

Nigeria reúne todas las condiciones para estallar en mil pedazos. La mayor población de África (alrededor de 160 millones de personas), un conflicto étnico y religioso, terrorismo, petróleo y pobreza. Con estos ingredientes, basta con agitar un poco para provocar el caos.

En esta última ocasión, la mecha fatal ha sido el precio de la gasolina. Nigeria es el mayor exportador de petróleo del continente y el 12º productor del mundo. A pesar de su riqueza natural y los enormes beneficios de la venta de crudo a Occidente y Asia, gran parte de su población vive en la más absoluta pobreza.

Una de las ventajas que la población creía tener era el bajo precio del combustible, gracias al subsidio del Gobierno sobre el producto. En una decisión insólita para la mayor parte de los nigerianos, el presidente Goodluck Jonathan decidió reducir los gastos públicos y, consecuentemente, retirar la subvención.

Según el Gobierno, el Estado no puede hacer frente a los 8.000 millones de dólares anuales que suponía esta contribución y que se habría traducido en un aumento imposible de asumir de la deuda externa. Pero en la calle sólo se ven los carteles de la gasolinera. Donde antes ponía “0,40 dólares por litro”, ahora pone “0,86″. De poco sirvió que Jonathan avisara con tiempo de esta medida o que intentara calmar los ánimos prometiendo una significativa reducción de los sueldos de los políticos y los altos funcionarios. En cuanto subieron los precios, los sindicatos del sector petrolero se echaron a la calle para comenzar una huelga indefinida. Desde su inicio el pasado 9 de enero, cada vez más y más gente se ha ido uniendo a la protesta. Cuando el precio de la gasolina se duplica, afecta a todos.

‘El Gobierno nos engaña’

“¿Cómo voy a ir al trabajo si gano menos de lo que me cuesta ir?”, cuenta ELMUNDO.es Mal Olufoma, un empleado de unos grandes almacenes en Abuya. “Entiendo que hay que hacer recortes, pero esto es demasiado y el Gobierno nos engaña”, añade.

Este último argumento ha sido repetido hasta la saciedad por los líderes huelguistas, que se basan en el secretismo que guarda la Corporación Petrolera Nacional Nigeriana acerca de la cantidad de petróleo que se importa, desde dónde y por quién, ya que la corrupción y las malas infraestructuras del país no permiten trasladar fácilmente por el país el crudo que refinan en la costa. De este modo, uno de los países con más petróleo del mundo se ve obligado a comprar la gasolina a otras naciones.

Promesas incumplidas

“El asunto del subsidio ha estado sobre la mesa mucho tiempo. Es un debate que viene de lejos”, afirma Gilles Yabi, director de proyectos del International Crisis Group en África occidental. “El Gobierno pretende dedicar ese dinero a construir y mejorar infraestructuras y eso significa crear trabajos y promover el desarrollo en el país. Eso es bueno, en la teoría. Pero los nigerianos han sido engañados por sus gobiernos durante años y no tienen motivos para creer ahora. El pasado gabinete prometió lo mismo y no hizo nada”, añade. De hecho, algunos ministros defienden que la subvención alimentaba la corrupción y aumentaba las diferencias entre pobres y ricos.

Justo antes de que estallara el descontento, Jonathan se dirigió a la nación afirmando que “el sufrimiento es por el interés de todos los nigerianos”. Vistas las consecuencias, la población parece no estar de acuerdo.

La paralización del país amenaza con agravarse. Sobre todo después de que algunos sindicatos amenazaran con el “cierre de la producción de petróleo”. A falta de una solución y ante el fracaso de las negociaciones, el caos se va cobrando víctimas mortales. Algunas fuentes hablan de hasta 12 fallecidos, aunque otras limitan este número a tres.

La batalla religiosa

Pero el verdadero miedo son las consecuencias que este descontento generalizado pueda provocar en un país que a duras penas se mantiene unido. No es descabellado pensar que, entre las barricadas y las manifestaciones, los islamistas radicales aprovechen para aumentar su influencia y hacer patente su presencia. La secta radical islámica Boko Haram ya aprovechó el día de Navidad para dejar tras de sí un reguero de sangre con atentados en dos iglesias católicas que se saldaron con cerca de 30 muertos; un punto negro más en la larga lista de enfrentamientos entre cristianos y musulmanes en Nigeria, que no han cesado desde entonces.

La división del país se hace patente con sólo echar un vistazo a los resultados de las últimas elecciones presidenciales. El norte apoyó masivamente al candidato musulmán, Muhammadu Buhari, mientras que el sur se volcó con el contendiente cristiano, Goodluck Jonathan. A pesar de que la voluntad de las regiones quedó dividida por la mitad, la abrumadora diferencia de población entre el norte y el sur propició una cómoda victoria a Jonathan.

Su elección provocó un aumento en el descontento entre los habitantes del norte. Al fin y al cabo, el anterior presidente, Umaru Yar’Adua, era mahometano. La oposición de los fieles al Corán no puede tomarse a la ligera, ya que suponen el 50% de la población. Hasta ahora, Jonathan basaba su poder en la otra mitad, la cristiana. Tras los atentados de Navidad, parecía fuertemente unida. Pero el precio de la gasolina puede cambiarlo todo y debilitar la posición del presidente. Justo cuando Boko Haram amenaza con más atentados: “Cualquier musulmán que engañe y se esconda bajo la capa de la religión, si descubrimos a alguien así, no dudaremos en eliminarlo. Bastan cinco minutos para matar”, afirmó Abubakar Shekau, líder de los terroristas, después de conminar a los cristianos a “arrepentirse” si no quieren atenerse a las consecuencias.

Así las cosas, cualquier desenlace es posible. Mientras unas voces hablan de partir el país en dos, otras proponen mantenerse unidos. Hay quien quiere un estado que observe la ley islámica a rajatabla, otros prefieren la occidentalización -gracias a los trabajos que crean las empresas de EEUU- o, simplemente, ser africanos, mantener su identidad y que el resto del mundo les deje en paz.

El rechazo a Goodluck Jonathan es lo único que parece unir a la población, pero según Gilles Yabi, se trata de algo pasajero y el presidente recuperará el apoyo. “Hay que tener en cuenta que el poder en el país está dividido y el Gobierno federal no tiene un control total”, afirma Yabi.

Habrá que esperar a ver las consecuencias a medio y largo plazo que tendrán sus medidas. Por lo pronto, el Gobierno tiene que evitar que el polvorín estalle.

 

La versión de Al Qaeda en Nigeria

Publicado en El Mundo el lunes, 26 de diciembre de 2011

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Natxo Marcet Señor | Nairobi

Boko Haram viene a significar «La educación occidental es pecaminosa ».Conestamáximacomo excusa, este grupo islamista nigeriano lleva sembrando la muerte en el país desde 2003. Nigeria es un territorio dividido por la religión. El sur está dominado por la etnia Yoruba, predominantemente cristiana, pero el norte lo habitan Hausa-Fulani que son, principalmente, musulmanes. A partir de ahí, el terreno está sembrado para el conflicto.

Nacidos en las regiones norteñas del país, los terroristas de Boko Haram pretenden instaurar la ley islámica e imponer su estricta observación. Sus objetivos no son sólo los cristianos o animistas, también figuran aquellos mahometanos que renuncien a compartir su visión de las palabras del profeta.

En su lucha por eliminar a todos aquellos que consideran infieles, llevan ya sobre sus espaldas más de 800 muertos, según cifras oficiales. Su acción más sangrienta fue en julio de 2009, cuando asaltaron las ciudades de Bauchi y Maiduguri, después de que varios de sus miembros fueran detenidos. Entre asesinos e inocentes, un total de 800 personas perdieron la vida en cinco días de auténtica batalla.

Unos días después de estos ataques, la policía capturó y mató al el líder de la secta, Mohammed Yusuf. Pero fue inmediatamente reemplazado por Abubakar Shekau, a quien el Gobierno consideraba fallecido. Las operaciones militares para acabar con los islamistas se han ido sucediendo, pero cada éxito se ve empañado por otro atentado.

Como consecuencia del miedo, la migración hacia el sur cada vez es mayor. Sin embargo, con cada emigrante se hace más patente la división de Nigeria y aumenta la influencia de la zona cristiana, que dio la victoria al presidente Goodluck Jonathan en las últimas elecciones. Obtuvo el 58,8 % del apoyo popular. Casi todos sus votos llegaron del sur. El norte no lo quiere.

El grupo terrorista, que trata de imitar en su estructura a Al Qaeda, ha construido en las zonas que controla mezquitas y escuelas a las que acuden muchos musulmanes pobres para beneficiarse de sus ayudas.

Una fecha señalada para matar

Publicado en El Mundo el lunes, 26 de diciembre de 2011

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Natxo Marcet Señor | Nairobi

Mientras medio mundo celebraba ayer la Navidad, en Nigeria irrumpió la muerte. Una cadena de cuatro atentados perpetrados por el grupo islamista Boko Haram acabó con la vida de, al menos, 30 personas que celebraban el nacimiento de Jesucristo en distintas localidades del país africano. Todo comenzó durante la Misa de Gallo en Gandaka, al norte del país. Mientras un grupo de cristianos atendía al servicio religioso, los terroristas prendieron fuego a sus vehículos. No hubo muertos. Pero era el preámbulo de lo que estaba por venir.

Tras esta acción, el portavoz de Boko Haram, Abul Qaqa, se puso en contacto con el periódico local Sunday Trust para reivindicar este atentado y los que aún estaban a punto de sacudir y teñir de sangre Nigeria una Navidad más. El mismo día del año pasado y en el mismo lugar una serie de siete explosiones dejó 38 muertos en varios ataques a iglesias.

La de Santa Teresa fue el segundo y más sangriento objetivo ayer. Este templo de Madalla –a las afueras de la capital, Abuya– tiene capacidad para acoger a alrededor de 1.000 personas y numerosos fieles llenaron el lugar para participar en la segunda fiesta más importante del calendario cristiano. Ése era el momento que los terroristas estaban esperando para hacer estallar una bomba situada cerca del acceso principal. Lo que era un momento de regocijo cristiano se convirtió en un infierno en el que, según los últimos cálculos, hay que lamentar 27 muertos.

Mientras aún reinaba la confusión en Madalla, otro atentado tenía lugar en Damaturu, muy cerca de Gandaka. En esta ocasión se trataba de un suicida cuyo objetivo era el centro de operaciones de los Servicios de Seguridad del Estado. En ese momento, los agentes de la ley estaban trasladando una serie de pruebas que habían requisado a unos sospechosos de terrorismo. Justo cuando el convoy del jefe de la Unidad de Coordinación entraba en el edificio, el asesino se lanzó con su coche para cortarles el paso y proceder a la deflagración. Al cierre de esta edición no existían cifras oficiales, pero se teme que varios funcionarios hayan perdido la vida.

En la lista negra de Boko Haram también figuraba la iglesia del Monte del Fuego y los Milagros de la ciudad de Jos, también en el norte. En esta ocasión, el templo hizo honor a su nombre. Un grupo de jóvenes lanzó explosivos mientras se celebraban los oficios. A pesar de las dos explosiones que se produjeron, nadie perdió la vida, al menos en un primer momento.

Un policía que estaba presente reaccionó rápidamente y se lanzó a la persecución de los terroristas, que hicieron un alto en su huida para responder a los disparos del agente, que falleció a causa de las balas.

Celebrar la Navidad con sangre se está convirtiendo en una costumbre en Nigeria. En las mismas fechas del pasado año, los islamistas sembraron el terror en una operación similar en la que cinco iglesias fueron atacadas y 86 personas perdieron la vida como consecuencia. Pero los asesinos no se limitan a operar en fiestas señaladas.

En lo que va de año, casi 250 personas han encontrado la muerte en las garras de Boko Haram, según afirman distintos grupos de derechos humanos. «Nadie se puede sentir seguro con esto», declaró ayer a ELMUNDO Kevin Obiefuna, un habitante de Abuya, mientras veía por televisión cómo se iban sumando los muertos en un goteo incesante. «Con ataques así al final la gente no se atreverá a acudir a las iglesias». No es el único con miedo. «No sé qué sentir. Temo que alguien me llame y me diga que algún ser querido ha muerto por culpa de estos terroristas», afirmó a este periódico Mgoma, una mujer también residente en Abuya. Ningún nigeriano sabe cuándo se pondrá fin al horror. «Deseo que sea pronto», sueña Obiefuna, «pero me parece que va a durar mucho».